sábado, 20 de enero de 2007
(niño árbol)
1
no es la transparencia, ni el silencio.
me pregunto por la forma de las cosas,
del sueño que es necesario tener
para considerar a la noche
como una sombra de los árboles.
no sé si es que no lo ven.
¿no le hablan?.
si posee una enfermedad o un secreto.
¿le hablará el viento?
¿volará mientras camina
con sus pasos de raíz
que lo sujetan y lo dejan a merced del aire?
¿que la luz de las estrellas lo devuelve
a la caída de las hojas?
martes, 16 de enero de 2007
sábado, 13 de enero de 2007
miércoles, 10 de enero de 2007
RAE
necesidad.
(Del lat. necessĭtas, -ātis).
1. f. Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.
2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.
3. f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.
4. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer.
5. f. Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio.
6. f. Evacuación corporal de orina o excrementos. U. m. en pl.
~ de medio.
1. f. Rel. Precisión absoluta de algo, sin lo cual no se puede conseguir la salvación. El bautismo es necesario con necesidad de medio.
~ de precepto.
1. f. Rel. Obligación fundada en una ley eclesiástica, cuyo cumplimiento es conducente, pero no indispensable, a la salvación.
~ extrema.
1. f. Estado en que ciertamente perderá alguien la vida si no es auxiliado o no sale de él.
~ grave.
1. f. Rel. Estado en que alguien está expuesto a peligro de perder la vida temporal o eterna.
~ grave espiritual.
1. f. Rel. necesidad grave con peligro de perder la vida eterna.
~ mayor.
1. f. Evacuación de excrementos.
~ menor.
1. f. Evacuación de orina.
de ~.
1. loc. adv. necesariamente. Herida mortal de necesidad.
de primera ~.
1. loc. adj. Dicho de una cosa: De la que no se puede prescindir.
hacer de la ~ virtud.
1. fr. Afectar que se ejecuta de buena gana y voluntariamente lo que por precisión se había de hacer.
2. fr. Tolerar con ánimo constante y conforme lo que no se puede evitar.
obedecer a la ~.
1. fr. Obrar como exigen las circunstancias.
por ~.
1. loc. adv. Necesariamente, por un motivo o causa irresistible.
--
http://rae2.es/necesidad
(Del lat. necessĭtas, -ātis).
1. f. Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.
2. f. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.
3. f. Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida.
4. f. Falta continuada de alimento que hace desfallecer.
5. f. Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio.
6. f. Evacuación corporal de orina o excrementos. U. m. en pl.
~ de medio.
1. f. Rel. Precisión absoluta de algo, sin lo cual no se puede conseguir la salvación. El bautismo es necesario con necesidad de medio.
~ de precepto.
1. f. Rel. Obligación fundada en una ley eclesiástica, cuyo cumplimiento es conducente, pero no indispensable, a la salvación.
~ extrema.
1. f. Estado en que ciertamente perderá alguien la vida si no es auxiliado o no sale de él.
~ grave.
1. f. Rel. Estado en que alguien está expuesto a peligro de perder la vida temporal o eterna.
~ grave espiritual.
1. f. Rel. necesidad grave con peligro de perder la vida eterna.
~ mayor.
1. f. Evacuación de excrementos.
~ menor.
1. f. Evacuación de orina.
de ~.
1. loc. adv. necesariamente. Herida mortal de necesidad.
de primera ~.
1. loc. adj. Dicho de una cosa: De la que no se puede prescindir.
hacer de la ~ virtud.
1. fr. Afectar que se ejecuta de buena gana y voluntariamente lo que por precisión se había de hacer.
2. fr. Tolerar con ánimo constante y conforme lo que no se puede evitar.
obedecer a la ~.
1. fr. Obrar como exigen las circunstancias.
por ~.
1. loc. adv. Necesariamente, por un motivo o causa irresistible.
--
http://rae2.es/necesidad
martes, 9 de enero de 2007
Mujer blanca
http://www.uv.mx/Popularte/Esp/scriptphp.php?sid=628
[...] Xochiquetzal juró amor eterno al guerrero más apuesto y orgulloso, flor del ejército mexica que partía rumbo a la guerra contra los zapotecas. Guerra sin tiempo ni final que los mexicanos debían enfrentar para el engrandecimiento del imperio. Xochiquetzal hermosa y desconsolada quedó en espera de la victoria y del regreso de su hombre.
No hubo noticia de la anhelada aniquilación del enemigo. La lejanía del señorío zapoteca. La fiereza de la defensa y la bravura de sus hombres sumían en gran mortificación a Xochiquétzal, que no obstante, recibía la adulación y el cortejo de aquéllos que no habían partido a luchar. Sobre todo de un tlaxcalteca que se había avecindado en la Ciudad cuando hicieron falta brazos masculinos para el trabajo cotidiano.
Fue este mismo pretendiente quien llevó la noticia de la muerte de su amado. Rotos los vínculos de amor que la ataban de por vida a su juramento. Xochiquétzal se sumió en desconsoladora tristeza que nada podía apaciguar. La indolencia se apoderó de ella. Todo le daba igual. La distraían de vez en cuando los floridos halagos, los continuos regalos de que era objeto por parte de su pretendido enamorado. Ante el pedimento de boda que frente a sus padres hizo el suplicante tlaxcalteca, aceptó a sabiendas de que era como enterrarse en vida. Después del anudamiento de las tilmas empezó su melancólica existencia al lado de su marido. No volvió a sonreír.
Los guerreros aztecas regresaron derrotados, avergonzados, tristes, vencidos. Excepto uno, que a pesar del fracaso conservaba la dignidad de su raza.
Las mujeres escondían a sus hijos para llorar, menos Xochiquétzal que miraba sin inmutarse al ejército rendido. Sin embargo, cuando la mirada del único guerrero que marchaba con orgullo por las calles de la Ciudad se posó sobre ella, sintió morir. Él era el hombre al que había jurado amor eterno.
Furiosa y llena de odio insultó al Tlaxcalteca con el que se había casado, lo acusó de vil y mentiroso por inventar la muerte del hombre al que amaba. Huyó por el borde del lago de Texcoco con su marido tras ella. El guerrero los siguió y enfrentó a su rival. Después de luchar, el tlaxcalteca herido se evadió a su país.
Después del enfrentamiento buscó a su amada, la halló muerta. No quiso seguir viva después de ser mujer de otro a quien no le había jurado fidelidad eterna. Él lloró, cortó flores, cubrió con ellas el cuerpo de Xochiquétzal, trajo un incensario en el que quemó copal. Lloró el Zenzontle (pájaro de cuatrocientas voces). Apareció Tlahuelpoch, mensajero de la muerte. La tierra se sacudió en temblores, las nubes llenaron de penumbra a los cielos, el miedo se apoderó de los habitantes del Anáhuac.
Al amanecer habían surgido en el valle dos montañas nevadas. Una, con la forma de una mujer recostada, cubierta de flores blancas. Otra, alta e impresionante, como un guerrero azteca hincado a sus pies.
Se dice que el Tlaxcalteca murió cerca de su tierra. Convertido en volcán le llamaron Poyautecatl, que quiere decir señor crepuscular, y después Citlatepetl o cerro de la estrella. Su obligación y penitencia es observar de lejos a los amantes, que nunca podrá separar.
[...] Xochiquetzal juró amor eterno al guerrero más apuesto y orgulloso, flor del ejército mexica que partía rumbo a la guerra contra los zapotecas. Guerra sin tiempo ni final que los mexicanos debían enfrentar para el engrandecimiento del imperio. Xochiquetzal hermosa y desconsolada quedó en espera de la victoria y del regreso de su hombre.
No hubo noticia de la anhelada aniquilación del enemigo. La lejanía del señorío zapoteca. La fiereza de la defensa y la bravura de sus hombres sumían en gran mortificación a Xochiquétzal, que no obstante, recibía la adulación y el cortejo de aquéllos que no habían partido a luchar. Sobre todo de un tlaxcalteca que se había avecindado en la Ciudad cuando hicieron falta brazos masculinos para el trabajo cotidiano.
Fue este mismo pretendiente quien llevó la noticia de la muerte de su amado. Rotos los vínculos de amor que la ataban de por vida a su juramento. Xochiquétzal se sumió en desconsoladora tristeza que nada podía apaciguar. La indolencia se apoderó de ella. Todo le daba igual. La distraían de vez en cuando los floridos halagos, los continuos regalos de que era objeto por parte de su pretendido enamorado. Ante el pedimento de boda que frente a sus padres hizo el suplicante tlaxcalteca, aceptó a sabiendas de que era como enterrarse en vida. Después del anudamiento de las tilmas empezó su melancólica existencia al lado de su marido. No volvió a sonreír.
Los guerreros aztecas regresaron derrotados, avergonzados, tristes, vencidos. Excepto uno, que a pesar del fracaso conservaba la dignidad de su raza.
Las mujeres escondían a sus hijos para llorar, menos Xochiquétzal que miraba sin inmutarse al ejército rendido. Sin embargo, cuando la mirada del único guerrero que marchaba con orgullo por las calles de la Ciudad se posó sobre ella, sintió morir. Él era el hombre al que había jurado amor eterno.
Furiosa y llena de odio insultó al Tlaxcalteca con el que se había casado, lo acusó de vil y mentiroso por inventar la muerte del hombre al que amaba. Huyó por el borde del lago de Texcoco con su marido tras ella. El guerrero los siguió y enfrentó a su rival. Después de luchar, el tlaxcalteca herido se evadió a su país.
Después del enfrentamiento buscó a su amada, la halló muerta. No quiso seguir viva después de ser mujer de otro a quien no le había jurado fidelidad eterna. Él lloró, cortó flores, cubrió con ellas el cuerpo de Xochiquétzal, trajo un incensario en el que quemó copal. Lloró el Zenzontle (pájaro de cuatrocientas voces). Apareció Tlahuelpoch, mensajero de la muerte. La tierra se sacudió en temblores, las nubes llenaron de penumbra a los cielos, el miedo se apoderó de los habitantes del Anáhuac.
Al amanecer habían surgido en el valle dos montañas nevadas. Una, con la forma de una mujer recostada, cubierta de flores blancas. Otra, alta e impresionante, como un guerrero azteca hincado a sus pies.
Se dice que el Tlaxcalteca murió cerca de su tierra. Convertido en volcán le llamaron Poyautecatl, que quiere decir señor crepuscular, y después Citlatepetl o cerro de la estrella. Su obligación y penitencia es observar de lejos a los amantes, que nunca podrá separar.
lunes, 8 de enero de 2007
sábado, 6 de enero de 2007
viernes, 5 de enero de 2007
llegar
A Tlayacapan se puede llegar por dos vías. La primera: tomar la autopista 95 México-Cuernavaca y posteriormente la núm. 115 hacia Cuautla. En la caseta de cobro de Oaxtepec, habrá que desviarse por la carretera núm. 1 y en unos minutos llegará a Tlayacapan. Segunda: tome la carretera núm. 3 Xochicalco-Yautepec-Tlayacapan.
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