martes, 13 de marzo de 2007

del 2004

caminando ahora, con mi mano abandonada en la suya, recuerdo, como suelo hacerlo en las veces que el dolor me abraza con insistencia, las historias que cuentan de mis padres. no sé con precisión quienes fueron. desconozco el día en que he nacido. mis padres, dicen en el poblado, pudieron haber muerto. dicen, cabe la posibilidad de que huyeran luego que mi madre me arrojara de su vientre. dicen que mi padre pudo matar a mi madre después de mi nacimiento, para marcharse lejos a un lugar donde nada ni nadie le impidiesen seguir con su vida. dicen que mi padre no amaba a mi madre y que mi madre no amaba a mi padre. […] vivo solo en una casa que tuve a bien habitar, abandonada, en los límites de la ciudad. a la altura de la franja que divide el horizonte en el ocaso. desde ahí domino el espectro que abarca nuestro pueblo. yo, que debo ser un extranjero, no he salido jamás de sus fronteras. prefiero vivir en ellas. mis padres debieron irrumpir aquí, al igual que yo. y como yo, debieron mantenerse con un margen ante los nacidos en el lugar. aparte en una desazón. algo me ha diferenciado de los demás. como si fuera el poseso de una manifestación o bien, angélica, o bien, diabólica, no lo sé. como si yo no fuese humano. […] me miro a veces en el espejo tratando de adivinar si acaso me parezco a uno de ellos. yo, diferente a los demás desde el principio de mis días, jugaba con los niños y era llamado santiago, el hallado[…]